Tradicionalmente, las universidades extendían sus conocimientos hacia la comunidad, estableciendo vínculos unidireccionales. Sin embargo, el uso de metodologías como el Aprendizaje y Servicio ha evaporado esta frontera, promoviendo un intercambio recíproco. En cursos de Contabilidad y Costos, por ejemplo, emprendedores —mayoritariamente mujeres jefas de hogar— participan en proyectos académicos no solo recibiendo asesorías, sino compartiendo sus experiencias, desafíos prácticos y limitaciones tecnológicas. Este contacto directo fortalece una relación horizontal entre estudiantes y la comunidad, basada en el respeto, la empatía y la planificación conjunta. El reconocimiento de estos actores como coformadores del proceso pedagógico implica que la universidad ya no los considere meros usuarios, sino colaboradores activos en el diseño, implementación y evaluación de los proyectos. Así, se abandona el enfoque asistencialista, en favor de una construcción educativa conjunta que enriquece tanto a la institución como al territorio. Este cambio de paradigma resalta la importancia de valorar saberes tradicionalmente invisibilizados y reafirma el compromiso de construir una sociedad más justa y colaborativa a través del aprendizaje compartido.
Autor: Iñigo Socías